Archivos Mensuales: junio 2016

Mi dependencia al Waze

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Si la mañana me juega una mala pasada y hace que me demore un poco más de la cuenta, tengo gracias a Dios a Waze en mi teléfono.

En algún momento dejó de funcionar. No sé si fue que no actualizé el iOS pero simplemente dejé de usarlo e intenté confiar en mi instinto. Sin importar la hora tomaba la misma ruta para ir al colegio. 

Hasta que un día sufrí de un par de atracones de una hora sin opción a salida o a cambio de calle. 

Nunca más. Hice todo lo posible para actualizar lo que tenía que cambiarse y conecté nuevamente con este app que sobre todo en las mañanas me ha ayudado a llegar temprano. 

Salgo a una hora bastante prudente a favor del sueño de mi hijo. Lo levanto 6:45 am (no es tan tan temprano versus la madrugada que deben interrumpir otros niños). 

Salir con calma, manejar riéndote a estas horas es un deber. Una responsabilidad. Ir con paciencia para afuera del carro y para adentro. 

Además, aparte de llegar temprano tengo varias rutas nuevas que no conocía. 

El día que descubra la bondad del Snapchat por ahí que me vuelvo heavy user. Como con Waze.

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Enmiépoca.com #Nohabía

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Yo recién le he encontrado la gracias al Netflix y mi hijo de 4 años ya tiene un perfil hace buen tiempo. Fue por él que tuvimos (también porque quisimos) que cambiar la tele. Ahora ya podemos tener TV interactiva, contenido on demand.

Esta brecha generacional me tiene anonadada. He llegado a ser la analogía moderna de mis abuelas en la época de la no electricidad, de las velas, de la doble cocinada en casa porque no había Refri. De la radio novela, del televisor a blanco y negro y sin control remoto.

Sí, tal cual. Mi hijo de 4 años abre los ojos y se ríe sin entender muy bien cómo vivía yo de niña sin YouTube, sin Netflix, sin internet, incluso sin CDs. Cómo es que yo hacía para ver a Topo Gigio decir “a la camita” sin ese triángulo en fondo rojo y en una pantalla.

“Mamá, cómo llamabas sin celular?” Me dice y lo más gracioso de todo esto es que no se lo imagina y me lo confiesa.

Él tiene el acceso a estas tecnologías de manera controlada y ciertamente limitada, pero al haber nacido en esta época la cercanía al touchscreen  es inevitable y hasta camaleónica.

Ya ni siquiera es comparable a brecha de usuario tecnológico entre mi papá y yo. La evolución entre mi hijo y yo no la supero ni lléndome a Sillicon Valley de por vida. Ni mirando todos los tutoríales posibles podría inyectar en mi cerebro un chip como el de él.

Describo mi admiración y mi sorpresa y de repente recién interiorizo y comparo estas habilidades genéticas de los niños de hoy versus las de alguien como yo que ya pasó los 30s y que además no es el ser más amante de los gadgets.

“No tenían control remoto?” Me mira sorprendido con una risa burlona. “No pues! Te tenías que parar cada vez que querías cambiar de canal, cambiar el volumen o apagar la tele”,  le contesto.

Cuando conversamos sobre el blanco y negro soltó: “eso era cuando habían esclavos?”. Basta! Suficiente! No soy la tatarabuela! De hecho jugué Atari pero no es para tanto! Se imaginan, a propósito, a un niño de hoy tratando de hacer cruzar la ranita por la calle?