Archivo de la categoría: educación de los hijos

Juega La Igualdad: juguetes sin género. (Qué regalar a los niños esta Navidad parte II)

Estándar

Hoy escribí dos post sobre regalos.

Uno acerca de que no es bueno llenar de regalos a un niño, de abrumarlo con tanto plástico y personajes seguramente del cine y/o la televisión, y en algunos otros casos, con algún juguete violento.

Hablo desde mi pequeña experiencia de madre de un niño de 5 años (hombre). 

Además, me lancé con otro post donde recomendaba una tienda de juguetes de madera o material amigable para los niños, con conceptos educativos o de desarrollo adecuados para ciertas edades. Con sustento digamos.

Y luego, ya finalizando el día, con el libro en la mano ya en cama, me encuentro con este ejeplo de campaña creada en Francia según puedo entender, que se llama “la igualdad comienza con los juguetes” y usa el hashtag #JouerLégalité o #JuegaLaIgualdad.

Simplemente la aplaudo. Plena consciencia para todos los que piensan destinar plata de sus bolsillos o de sus tarjetas de crédito a regalar o sobre-regalar. 

Entonces coloco acá los tips de ultra consciencia para regalar juguetes a un niño o niña (y que aplica para cualquier otra cosa como por ejemplo ropa):

1. Regala juguetes que no se dirijan a un género “juguetes para mujercita o para hombrecito”. No, puaj. Abre tu mente. Seguro hay muchas otras opciones que no marcan esto.

2. Busca juguetes que tienen un concepto social, que permita que el niño pueda interactuar también con otras personas para jugar como sus papás, hermanos, primos, etc. Sí, incluso con su niñera. 

3. Los juguetes de madera son una opción ecxelente para el contacto con la piel, y recuerda que los más pequeños introducen todo en su boca. Recuerda preguntar o revisar la edad recomendada.

4. Es bueno, si hay confianza, preguntar a los papás qué necesita el niño o niña. A veces puede ya tener lo que le piensas regalar o simplemente los papás no están de acuerdo con un tipo de juguete. 

5. No sobre-regales.

6. Recuerda que uno debe regalar siempre pensando en el agazajado y no en quien adquiere el regalo. Dejemos el egoismo. Y acá vale mencionar que si la familia opta por no recibir regalos, o prefiere recibir objetos prestado o usados, respeta esta decisión. 

¡Feliz Navidad!

Y les dejo la imagen de la campaña de juguetes que comenté.

Campaña en francia por juguetes de igualdad de género

Juega la igualdad. Jouer L’égalité

Anuncios

¿Qué juegos regalar a los niños?

Estándar

Justo estuve pensando en los regalos de Navidad y de cumpleaños. Me parece que en general es demasiado lo que recibe un niño. Que siempre es mejor controlar la cantidad de juguetes no solo por la sostenibilidad, sino por la cantidad innecesaria de impulsos que pueda tener un infante. 

Sin enmargo, hoy, sábado en la tarde estábamos en casa con nuestro hijo y sacamos esos juguetes que permiten olvidarnos de la correteadera de la semana y encerrarnos los 3 juntos a jugar y sobre todo, a divertirnos.

Rescatamos un rompecabezas de piezas gigantes que hace tiempo no usábamos, del hombre araña. Lo armamos y la pregunta de mi hijo fue, “¿y ahora qué hacemos?”.

Mi respuesta fue “te toca decidir a tí”. Fuimos a su cuarto, abrimos el clóset lleno de juguetes y los dos al unísono dijimos “¡el de los aros!”

Este juego es genial! Me encanta. Debes tirar los aros del color indicado en el pollito del color que corresponde. Cada color tiene un puntaje. 

Muyu toys

Juguete para niños

Este regalo fue de la abuela. Y lo compró en Muyu Toys https://www.muyutoys.com

Donde puedes encontrar regalos fuera de lo común, mayormente en madera, con una lógica educativa o de desarrollo en función a la edad de cada niño.

Yo digo, si vas a regalar algo a un niño, trata que lo haga moverse, pensar, animarse a leer y hacer volar la imaginación, e incluso permita el juego familiar o social.

Recomiendo Muyu y este juego que va de 3 a 99 años. 

Se acerca la Navidad y el santo de mi hijo! Hagamos espacio!

Estándar

Viene la Navidad tan comercial, tan llena de regalos de plástico. Tan llena de comida.

Y en el cuarto de mi hijo no entra un alfiler. 

A esto sumémosle que además de la llegada de Papá Noel, es también el cumpleaños. 

Basta ya!

Hago un llamado al universo y a quienes me rodean para que no lleguen con millones de regalos. 

Definitivamente en estos días organizaré todo el cuarto y separaremos esos juguetes que ya no serán parte de nuestras vidas. 

Y la invitación al cumpleaños tendrá un claro llamado a no sentirse obligado a no traer regalo y a no sentirse mal por hacerme caso. 

Abrir el ojo a las 6 am es un chancay!

Estándar

Llega el momento de la verdad. De pronto el hijo ya va al colegio y te viene a la mente la advertencia que te hicieron en el nido de “ahí tiene que llegar temprano”. Es entonces cuando mi ánimo de madre empeñosa se resetea para lograr el objetivo: llegar a la hora, temprano, a la puerta del salón.

Y empieza el trabajo como de atrás para adelante. Y la conclusión en esta parte de la vida, para una madre como yo que se encarga de la logística matutina para salir de casa hacia el colegio, es primero alístate tú madre, ten el desayuno listo y luego, recién en ese momento, prepara al niño.

Entonces calculen unos 40 minutos a paso de atleta para salir de la cama, dejar el desayuno listo, preparar la lonchera (que ojo esta es sin pensar, obedeciendo al cuadro semanal), meterme a la ducha, cambiarme, peinarme para poder tener los 6 sentidos con el peque.

Gran aguante y esfuerzo les digo, pero como la victimización jamás es un camino, siempre me puse a pensar en todas las familias del mundo que hacen lo mismo que yo. Podríamos decir que todas ellas con niños en edad escolar, sobre todo los más pequeños, se adaptan a este tipo de ritmo cardiaco casi, pero que se vive con amor, motivación y pasión. 

Ya he dicho yo que es uno de mis momentos favoritos del día.

De lunes a viernes me despierto a las 6 am y quiero confesar que es cansador, pero soy muy feliz. 

Y recién con esta experiencia me di cuenta de lo común que es esta práctica en tantos padres y madres y sobre todo, sentí en mí un gran reconocimiento a todas las mamás y papás que se organizan para ser acompañantes activos en el desarrollo de su hijo como motivadores de los niños para vivir cada día de manera distinta al anterior de manera especial. Y al decir común no sentí ser una más del montón, si no, sentí una pertenencia a una comunidad que empuja hacia adelante y que da ánimos sin siquiera hablar.

Lava tu plato

Estándar
Lava tu plato

Cómo haces para que tu hijo de cinco años quiera lavar el plato en el que comió torta de cumpleaños y luego te diga “para que no lo tengas que lavar tú”.

Acá es cuando hago check al pendiente.

Mamá, quiero lavar mi plato

Para enamorarse de los libros desde pequeño

Estándar

Mi hijo cumplió cinco años hace poco. No recuerdo con claridad cuándo fue que empezamos a leerle libros o cuentos, pero fue hace mucho. 

Si es que lo hicimos de bebé no lo tengo tan en mente, pero se me viene un recuerdo de cuando estuvo en el nido, a los dos años, donde tenían la dinámica de la biblioteca. Cada jueves los pequeños escogían y llevaban un libro a casa y debía ser devuelto el lunes.

Y por supuesto si mi hijo llega a casa con un libro que él ha escogido y que debía devolver en pocos días, obviamente que había que preguntar de qué se trataba, abrirlo, olerlo, leerlo. Mirar sus ilustraciones. 

Me despertaba una gran curiosidad pensar con qué criterios mi hijo de dos años podría estar escogiendo libros. Me despertaba mucha ternura descubrir que era capaz de entrar en una dinámica de préstamos de biblioteca, que aunque sea de un nido, era nueva y de alguna manera lo llevaba a la posibilidad de entender cualquier biblioteca del mundo.

Luego, en el colegio, en la etapa pre escolar aún, continuó la biblioteca. Mucho más grande y con más opciones probablemente para escoger. Continuó funcionando.

En algún momento, en un verano, una amiga mía le prestó a mi hijo la colección “Había una vez un niño” del autor británico, Oliver Jeffers. 

Cuando descubrimos los cuentos, las ilustraciones, la creatividad, la ternura, los personajes y los guiños que tiene el autor entre sus cuentos, mi hijo y yo lo empezamos a amar.

En esta colección encontramos tres cuentos muy recomendables: 1.- Perdido y encontrado; 2.- Cómo encontrar una estrella; y 3.- De vuelta a casa. Cada uno más encantador que el otro. 

Resulta que luego de devolver los tres ejemplares a mi amiga, que no era la biblioteca pero nos abrió un mundo por descubrir en papel, letras y dibujos; mi hijo buscó a Jeffers en la biblioteca del colegio. Y llevó a casa muchas veces el ejemplar en francés “Perdú, retrouvé” (perdido y encontrado). Lo leímos muchas veces en el año. Y cuando la bibliotecaria y la profesora notaban que mi hijo no cambiaba de libro por muchas semanas, le pedían que lo devuelva y saque otro. Y pues, algunas veces, muchas, mi pequeño volvía con otro título de Oliver Jeffers.

Este post lo tenía pensado hace mucho. Aproximadamente un año. Y lo hago realidad cuando mi amiga, la que me prestó la colección, le regaló a mi hijo el pack de los tres libros. La cara que puso cuando se lo entregó fue un gol de media cancha. Un check enorme a mi afán de colocar la lectura dentro de su vida. Un respiro a cada noche de acostarse con un libro en la cama. Un abrazo a mi gusto por la lectura que lucho por no dejar de lado jamás.

Este post es para todos los que tienen un niño cerca, o dentro al que quieran alimentar de sueños y esperanza. 

Que los libros nunca mueran. 

La foto fue obtenida de: https://www.google.com.pe/search?q=oliver+jeffers+hab%C3%ADa+una+vez+un+ni%C3%B1o&client=safari&hl=es-pe&prmd=ivn&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiN7cvPuvXRAhWH2yYKHf38BGkQ_AUIBygB&biw=375&bih=559&dpr=2#imgrc=2IFzFVYEQJm8CM:

Enmiépoca.com #Nohabía

Estándar

Yo recién le he encontrado la gracias al Netflix y mi hijo de 4 años ya tiene un perfil hace buen tiempo. Fue por él que tuvimos (también porque quisimos) que cambiar la tele. Ahora ya podemos tener TV interactiva, contenido on demand.

Esta brecha generacional me tiene anonadada. He llegado a ser la analogía moderna de mis abuelas en la época de la no electricidad, de las velas, de la doble cocinada en casa porque no había Refri. De la radio novela, del televisor a blanco y negro y sin control remoto.

Sí, tal cual. Mi hijo de 4 años abre los ojos y se ríe sin entender muy bien cómo vivía yo de niña sin YouTube, sin Netflix, sin internet, incluso sin CDs. Cómo es que yo hacía para ver a Topo Gigio decir “a la camita” sin ese triángulo en fondo rojo y en una pantalla.

“Mamá, cómo llamabas sin celular?” Me dice y lo más gracioso de todo esto es que no se lo imagina y me lo confiesa.

Él tiene el acceso a estas tecnologías de manera controlada y ciertamente limitada, pero al haber nacido en esta época la cercanía al touchscreen  es inevitable y hasta camaleónica.

Ya ni siquiera es comparable a brecha de usuario tecnológico entre mi papá y yo. La evolución entre mi hijo y yo no la supero ni lléndome a Sillicon Valley de por vida. Ni mirando todos los tutoríales posibles podría inyectar en mi cerebro un chip como el de él.

Describo mi admiración y mi sorpresa y de repente recién interiorizo y comparo estas habilidades genéticas de los niños de hoy versus las de alguien como yo que ya pasó los 30s y que además no es el ser más amante de los gadgets.

“No tenían control remoto?” Me mira sorprendido con una risa burlona. “No pues! Te tenías que parar cada vez que querías cambiar de canal, cambiar el volumen o apagar la tele”,  le contesto.

Cuando conversamos sobre el blanco y negro soltó: “eso era cuando habían esclavos?”. Basta! Suficiente! No soy la tatarabuela! De hecho jugué Atari pero no es para tanto! Se imaginan, a propósito, a un niño de hoy tratando de hacer cruzar la ranita por la calle?