Archivo de la categoría: tips para padres

Receta para desayuno de domingo con niños

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Llega el domingo para estar tranquilos en casa y abro el ojo cuando mi hijo me despierta temprano a pedir desayuno porque tiene hambre. 

Y cuando le provoca, preparamos panqueques de quinua y avena, una receta que nos inventamos para no usar haría blanca.

Y la receta va así:

– mezclas en un bowl 1/2 taza de harina de quinua y 1/2 taza de avena 

– añades 1 huevo y mezclas

– añades 1 taza de leche (funciona con la de almendras o arroz o también de vaca)

– mezclas y con un poco de aceite de coco fríes en la sartén.

– le puedes añadir miel de abeja cuando ya está listo y mucha fruta.

Es muy fácil. Y lo mejor de todo esto es que la preparación de la mezcla la puede hacer un niño sin problema. Pero claro, luego el adulto debe hacer la tarea con la sartén.

Qué ricos son los domingos!!!

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Lava tu plato

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Lava tu plato

Cómo haces para que tu hijo de cinco años quiera lavar el plato en el que comió torta de cumpleaños y luego te diga “para que no lo tengas que lavar tú”.

Acá es cuando hago check al pendiente.

Mamá, quiero lavar mi plato

Para enamorarse de los libros desde pequeño

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Mi hijo cumplió cinco años hace poco. No recuerdo con claridad cuándo fue que empezamos a leerle libros o cuentos, pero fue hace mucho. 

Si es que lo hicimos de bebé no lo tengo tan en mente, pero se me viene un recuerdo de cuando estuvo en el nido, a los dos años, donde tenían la dinámica de la biblioteca. Cada jueves los pequeños escogían y llevaban un libro a casa y debía ser devuelto el lunes.

Y por supuesto si mi hijo llega a casa con un libro que él ha escogido y que debía devolver en pocos días, obviamente que había que preguntar de qué se trataba, abrirlo, olerlo, leerlo. Mirar sus ilustraciones. 

Me despertaba una gran curiosidad pensar con qué criterios mi hijo de dos años podría estar escogiendo libros. Me despertaba mucha ternura descubrir que era capaz de entrar en una dinámica de préstamos de biblioteca, que aunque sea de un nido, era nueva y de alguna manera lo llevaba a la posibilidad de entender cualquier biblioteca del mundo.

Luego, en el colegio, en la etapa pre escolar aún, continuó la biblioteca. Mucho más grande y con más opciones probablemente para escoger. Continuó funcionando.

En algún momento, en un verano, una amiga mía le prestó a mi hijo la colección “Había una vez un niño” del autor británico, Oliver Jeffers. 

Cuando descubrimos los cuentos, las ilustraciones, la creatividad, la ternura, los personajes y los guiños que tiene el autor entre sus cuentos, mi hijo y yo lo empezamos a amar.

En esta colección encontramos tres cuentos muy recomendables: 1.- Perdido y encontrado; 2.- Cómo encontrar una estrella; y 3.- De vuelta a casa. Cada uno más encantador que el otro. 

Resulta que luego de devolver los tres ejemplares a mi amiga, que no era la biblioteca pero nos abrió un mundo por descubrir en papel, letras y dibujos; mi hijo buscó a Jeffers en la biblioteca del colegio. Y llevó a casa muchas veces el ejemplar en francés “Perdú, retrouvé” (perdido y encontrado). Lo leímos muchas veces en el año. Y cuando la bibliotecaria y la profesora notaban que mi hijo no cambiaba de libro por muchas semanas, le pedían que lo devuelva y saque otro. Y pues, algunas veces, muchas, mi pequeño volvía con otro título de Oliver Jeffers.

Este post lo tenía pensado hace mucho. Aproximadamente un año. Y lo hago realidad cuando mi amiga, la que me prestó la colección, le regaló a mi hijo el pack de los tres libros. La cara que puso cuando se lo entregó fue un gol de media cancha. Un check enorme a mi afán de colocar la lectura dentro de su vida. Un respiro a cada noche de acostarse con un libro en la cama. Un abrazo a mi gusto por la lectura que lucho por no dejar de lado jamás.

Este post es para todos los que tienen un niño cerca, o dentro al que quieran alimentar de sueños y esperanza. 

Que los libros nunca mueran. 

La foto fue obtenida de: https://www.google.com.pe/search?q=oliver+jeffers+hab%C3%ADa+una+vez+un+ni%C3%B1o&client=safari&hl=es-pe&prmd=ivn&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiN7cvPuvXRAhWH2yYKHf38BGkQ_AUIBygB&biw=375&bih=559&dpr=2#imgrc=2IFzFVYEQJm8CM:

Enmiépoca.com #Nohabía

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Yo recién le he encontrado la gracias al Netflix y mi hijo de 4 años ya tiene un perfil hace buen tiempo. Fue por él que tuvimos (también porque quisimos) que cambiar la tele. Ahora ya podemos tener TV interactiva, contenido on demand.

Esta brecha generacional me tiene anonadada. He llegado a ser la analogía moderna de mis abuelas en la época de la no electricidad, de las velas, de la doble cocinada en casa porque no había Refri. De la radio novela, del televisor a blanco y negro y sin control remoto.

Sí, tal cual. Mi hijo de 4 años abre los ojos y se ríe sin entender muy bien cómo vivía yo de niña sin YouTube, sin Netflix, sin internet, incluso sin CDs. Cómo es que yo hacía para ver a Topo Gigio decir “a la camita” sin ese triángulo en fondo rojo y en una pantalla.

“Mamá, cómo llamabas sin celular?” Me dice y lo más gracioso de todo esto es que no se lo imagina y me lo confiesa.

Él tiene el acceso a estas tecnologías de manera controlada y ciertamente limitada, pero al haber nacido en esta época la cercanía al touchscreen  es inevitable y hasta camaleónica.

Ya ni siquiera es comparable a brecha de usuario tecnológico entre mi papá y yo. La evolución entre mi hijo y yo no la supero ni lléndome a Sillicon Valley de por vida. Ni mirando todos los tutoríales posibles podría inyectar en mi cerebro un chip como el de él.

Describo mi admiración y mi sorpresa y de repente recién interiorizo y comparo estas habilidades genéticas de los niños de hoy versus las de alguien como yo que ya pasó los 30s y que además no es el ser más amante de los gadgets.

“No tenían control remoto?” Me mira sorprendido con una risa burlona. “No pues! Te tenías que parar cada vez que querías cambiar de canal, cambiar el volumen o apagar la tele”,  le contesto.

Cuando conversamos sobre el blanco y negro soltó: “eso era cuando habían esclavos?”. Basta! Suficiente! No soy la tatarabuela! De hecho jugué Atari pero no es para tanto! Se imaginan, a propósito, a un niño de hoy tratando de hacer cruzar la ranita por la calle?

Mi inmersión en el mundo del juego de la niñez y mi fracaso como adulta que ya no juega para vivir

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Revisando el Facebook, el Centro Vinculare  posteó esta imagen de María Celeste Blanch.

Y noto que habla del juego con movimiento físico. Más allá de todos los beneficios, me quedo pensando en estas dos palabras. 

Obviamente parte de los padres. El estilo de vida es familiar, es parte de una dinámica que se extrapola desde cada miembro de la familia, y evidentemente en mayor medida de parte de los adultos.

Parte de nosotros mostrar al juego como opción dentro de casa, que se vea como una actividad común, regular y muy accesible. Es una ardua tarea. Lo sé porque soy mamá de un niño muy activo de cuatro años y cuando llego cansada del trabajo, es más fácil solamente pasar lista a las cosas de la rutina, que sentarse en el piso a jugar con rompecabezas, o corretear por la casa con las escondidas, o mover el esqueleto en cualquier acción más dinámica que solo mover el dedo con el celular.

Recuerdo mis momentos de juego de niña, sola, con mi hermano o con primos, y en los tres obtenía dinámicas muy divertidas que desenvolvían mundos completos con roles específicos que muchas veces llevaban a la risa y a la exploración continua.

Hoy, cuando tengo la oportunidad de ver este desempeño en mi hijo, simplemente observo anonadada e intervengo si es que soy invitada. Me divierte verlo divertirse. Aprendo viéndolo aprender con el disfrute. Y me sorprendo de las relaciones lógicas que va teniendo espontáneamente. Y lo más loco de todo, me doy cuenta lo mucho que perdemos al crecer, al volvernos esos adultos aburridos que ya necesitan “ir al banco” (yo tengo una teoría no desarrollada que explica que cuando una persona tiene que ir al banco a realizar transacciones, ya cruzó el umbral de la inocencia, de la belleza juvenil-infantil, para convertirse en un ser con responsabilidades monetarias de algún tipo, así no se trate de dinero propio). 

Llegar a la adultez, hablaré desde mi punto de vista y desde mi experiencia, y evidentemente desde mi forma de ser (control freak y chancona sin querer serlo), me lleva a un mundo con tantas cosas por hacer, que reduje mis momentos de juego a muy poco. Es tan ridículamente pequeño que hasta podría confundir mi momento de juego con mi momento de deporte. Y no lo es! Son distintos. Porque hasta el momento del deporte está planificado.

Y escribiendo estas líneas recuerdo vagamente la idea de un artículo que alguna vez leí en Facebook acerca de lo que uno debe hacer por sus hijos, sobre todo en casa. Lástima que no tengo el nombre de la autora (que era mujer). Pero me quedó marcado, tanto que incluso lo comenté con mi esposo, que no es tarea de los padres entretener a los niños. Es tarea propia de ellos mismos, y de su imaginación explorar su pequeño mundo para encontrar la actividad, el objeto y el tema deseados para jugar. Y no se refería a no participar, ojo! Sino, a no convertirse uno en animadora de programa infantil lleno de colores fosforescentes para mantenerlos ocupados y sin espacio para usar sus propios recursos mentales y físicos.

Volviendo a la idea inicial entonces, de los juegos que impliquen un movimiento físico, es decir, quedan fuera los aparatos electrónicos, menciono entonces un post en Facebook de una página que no recuerdo una vez más, que mencionaba “mientras menos cosas haga un juguete, mayores cosas hará la imaginación de tu hijo”.

  

El artículo que necesitaba leer y que necesito que leas

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Hijos únicosTema delicado.

No hay quien luego de “y cuándo se casan?” No pregunte el “y te quedas con uno?”

Para todos aquellos que siempre quieren meter su cuchara acerca de por qué no debo tener solo un hijo, les dejo este oportuno artículo en mi vida, que acabo de releer.

Yo no estoy a favor o en contra de tener 1 o más hijos. Estoy 100% a favor del respeto de las decisiones de los padres que escogen una opción o la otra. 

Hay que aprender a escuchar los pensamientos de los demás, a procesarlos en silencio y a no entrometerse. 

RESPETO en mayúsculas. 

Me encanta tener un solo hijo y seguramente me encantaría tener también dos, o tres, o cuatro. Quién sabe? 

Lo que no me gusta, lo que hace que mis oídos sangren, lo que subestima mi inteligencia, son esos pseudo argumentos que no tienen legitimación, faltos de verdad, que se repiten de boca en boca sin llegar al cerebro humano.

Entonces, dichosa estoy de haber encontrado este artículo en Serpadres.es y les cito todo el texto para que lo disfruten como yo (espero).

Enjoy! 

Hijos únicos: ¿en qué son diferentes?

 Ver test

¿Estoy educando bien a mi hijo?

G. Stanley Hall, psicólogo de finales del siglo IXX, fue uno de los impulsores de la psicología infantil, y el autor del primer prejuicio hacia los hijos únicos. Según este peculiar personaje, ser hijo único era, nada más y nada menos, que una enfermedad en si misma.
A lo largo del tiempo parece que la idea, de algún modo, ha permanecido. Hoy en día toda esta serie estereotipos asociados a los hijos únicos que han estigmatizado tanto a niños – de egoístas, mimados, poco sociables o poco empáticos – como a sus padres- que terminan sintiéndose culpables por no haberle “dado un hermanito”-, siguen estando vigentes. Pero no desesperéis, parece que la cosa va cambiando poco a poco.

Ahora sabemos la gran influencia que tiene en el desarrollo de la persona los nueve meses de gestación y el primer año de vida. Lo que suceda en este periodo de tiempo determinará en gran medida si somos más o menos sociables, nuestras capacidades intelectuales, nuestra empatía, la aprehensión y la relación con el otro en general. Es decir, las personas que influirán más en las características del niño serán los propios padres en esta etapa tan sensible del desarrollo. Lo que ocurra después, con o sin hermanos, constituirá sólo una parte de la formación del carácter.

Afortunadamente, en los últimos años muchos expertos se han dedicado a poner a prueba las suposiciones acerca de los hijos únicos, a contrastarlas científicamente. Los resultados que han obtenido distan mucho de todos estos prejuicios. Empezamos a ver de una manera más amplia lo que significa ser hijo único, sus puntos fuertes y debilidades, sus ventajas y desventajas.

En la actualidad cerca de un 40% de las parejas que tienen hijos, deciden tener uno solo. Los motivos son variados: la cuestión económica, el desarrollo en el mundo laboral de la mujer, el inicio más tardío de la crianza, etc. Veamos entonces cuáles son algunas de las ventajas e inconvenientes.

Por una parte las ventajas de tener hermanos son evidentes y repetidas asiduamente. Tener compañeros de juego, acostumbrarse a compartir tanto la cotidianidad como la atención paterna, recibir menos presión en cuanto a las expectativas de los padres (que de algún modo quedan “repartidas” entre los hermanos), se tienen entre ellos para entretenerse. Por otra parte los cuidados de los padres cuando se hacen mayores o enferman quedan repartidos, el tener “compañeros” a lo largo de la vida cuando los padres ya no están, así como una familia más extensa para sus propios hijos, son otros puntos importantes.
Las ventajas de ser el único

Pero no pensemos que ser hijo único no tiene las suyas. Ellos tienen el cariño de sus padres sólo para ellos, lo cual les proporcionará mayor confianza y seguridad. Tienen más disponibilidad de sus padres para ayudarles con los deberes, etc. Los recursos económicos se destinan sólo a ellos, lo que se traduce en más posibilidad de realizar actividades extraescolares, vacaciones, campamentos, etc.; y más adelante educación universitaria si se da el caso.

Por otra parte, las investigaciones que se han hecho al respecto del desarrollo de las características de personalidad indican que no existen diferencias significativas entre niños con hermanos y únicos a nivel de sociabilidad, de si son más o menos consentidos, de carácter más o menos difícil, o en introversión y extroversión. En cambio, donde sí hay diferencia es en los logros académicos y laborales. Los niños únicos sacan mejores notas en los exámenes, consiguen niveles de educación más altos y mayores logros tanto a nivel educativo como profesional. Suelen ser más críticos y observadores (puesto que reciben más atención y se ven involucrados en más conversaciones adultas), y a menudo maduran más prematuramente.

 

¿Qué hacer para facilitar un desarrollo sano a tu hijo único?

Ofrecerle oportunidades de relacionarse con otros niños. Las actividades extraescolares son muy buena opción, pero ojo, tampoco hace falta sobrecargarle! Facilitarle que pueda quedar con amiguitos fuera del cole, con primos si los hubiera.

Enseñarle a negociar, a resolver conflictos, a mediar.

Fomentar el pensamiento crítico y la opinión propia (no seguir sólo la de los padres), así como promover las actividades autónomas a partir de una cierta edad.

Intentar no cargarle mucho con nuestras expectativas. Poner objetivos alcanzables, para aumentar su autoestima sin demasiada presión sobre sus hombros.

Limitar razonablemente las posesiones materiales.

Incluirle en las conversaciones de los padres, en las decisiones en las que pueda participar, y en las tareas domésticas.

Beatriz Rubio Vicente es psicóloga infantil y perinatal en Vincles

Acá les dejo el link:

http://www.serpadres.es/3-6-anos/educacion-desarrollo/articulo/147705-hijos-unicos-en-que-son-diferentes

Manos mágicas

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Manos mágicas

Abro una de las puertas de mi clóset y entre libros, discos, algunos zapatos, y otros, veo varios cartones de cajas de zapatos y otros empaques que han llegado a la casa. 

Qué hacen ahí? 

Aguardan por su momento de transformación. No. Nada espiritual. Sí. Es un tema de forma. 

Tan simple como abrir el libro de “Manitos a la Obra” con varias ideas de manualidades que puedes hacer con niños en casa.

Mi hijo, que ya tiene casi 4 años, enciende los ojos cada vez que hay posibilidad de preparar algo, lo que sea, de ese libro o cualquier idea relacionada a artes manuales. 

Así que aprovecho en sacarle provecho a eso. Y sacamos tijeras, gomas, incluso hoy compramos silicona líquida en la bodega (cerquita porque teníamos que pegar ya el barco). 

Acá unas fotos del proceso. De creación, de disfrute y de conversación.