Archivo de la categoría: Vida escolar

Abrir el ojo a las 6 am es un chancay!

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Llega el momento de la verdad. De pronto el hijo ya va al colegio y te viene a la mente la advertencia que te hicieron en el nido de “ahí tiene que llegar temprano”. Es entonces cuando mi ánimo de madre empeñosa se resetea para lograr el objetivo: llegar a la hora, temprano, a la puerta del salón.

Y empieza el trabajo como de atrás para adelante. Y la conclusión en esta parte de la vida, para una madre como yo que se encarga de la logística matutina para salir de casa hacia el colegio, es primero alístate tú madre, ten el desayuno listo y luego, recién en ese momento, prepara al niño.

Entonces calculen unos 40 minutos a paso de atleta para salir de la cama, dejar el desayuno listo, preparar la lonchera (que ojo esta es sin pensar, obedeciendo al cuadro semanal), meterme a la ducha, cambiarme, peinarme para poder tener los 6 sentidos con el peque.

Gran aguante y esfuerzo les digo, pero como la victimización jamás es un camino, siempre me puse a pensar en todas las familias del mundo que hacen lo mismo que yo. Podríamos decir que todas ellas con niños en edad escolar, sobre todo los más pequeños, se adaptan a este tipo de ritmo cardiaco casi, pero que se vive con amor, motivación y pasión. 

Ya he dicho yo que es uno de mis momentos favoritos del día.

De lunes a viernes me despierto a las 6 am y quiero confesar que es cansador, pero soy muy feliz. 

Y recién con esta experiencia me di cuenta de lo común que es esta práctica en tantos padres y madres y sobre todo, sentí en mí un gran reconocimiento a todas las mamás y papás que se organizan para ser acompañantes activos en el desarrollo de su hijo como motivadores de los niños para vivir cada día de manera distinta al anterior de manera especial. Y al decir común no sentí ser una más del montón, si no, sentí una pertenencia a una comunidad que empuja hacia adelante y que da ánimos sin siquiera hablar.

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Para enamorarse de los libros desde pequeño

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Mi hijo cumplió cinco años hace poco. No recuerdo con claridad cuándo fue que empezamos a leerle libros o cuentos, pero fue hace mucho. 

Si es que lo hicimos de bebé no lo tengo tan en mente, pero se me viene un recuerdo de cuando estuvo en el nido, a los dos años, donde tenían la dinámica de la biblioteca. Cada jueves los pequeños escogían y llevaban un libro a casa y debía ser devuelto el lunes.

Y por supuesto si mi hijo llega a casa con un libro que él ha escogido y que debía devolver en pocos días, obviamente que había que preguntar de qué se trataba, abrirlo, olerlo, leerlo. Mirar sus ilustraciones. 

Me despertaba una gran curiosidad pensar con qué criterios mi hijo de dos años podría estar escogiendo libros. Me despertaba mucha ternura descubrir que era capaz de entrar en una dinámica de préstamos de biblioteca, que aunque sea de un nido, era nueva y de alguna manera lo llevaba a la posibilidad de entender cualquier biblioteca del mundo.

Luego, en el colegio, en la etapa pre escolar aún, continuó la biblioteca. Mucho más grande y con más opciones probablemente para escoger. Continuó funcionando.

En algún momento, en un verano, una amiga mía le prestó a mi hijo la colección “Había una vez un niño” del autor británico, Oliver Jeffers. 

Cuando descubrimos los cuentos, las ilustraciones, la creatividad, la ternura, los personajes y los guiños que tiene el autor entre sus cuentos, mi hijo y yo lo empezamos a amar.

En esta colección encontramos tres cuentos muy recomendables: 1.- Perdido y encontrado; 2.- Cómo encontrar una estrella; y 3.- De vuelta a casa. Cada uno más encantador que el otro. 

Resulta que luego de devolver los tres ejemplares a mi amiga, que no era la biblioteca pero nos abrió un mundo por descubrir en papel, letras y dibujos; mi hijo buscó a Jeffers en la biblioteca del colegio. Y llevó a casa muchas veces el ejemplar en francés “Perdú, retrouvé” (perdido y encontrado). Lo leímos muchas veces en el año. Y cuando la bibliotecaria y la profesora notaban que mi hijo no cambiaba de libro por muchas semanas, le pedían que lo devuelva y saque otro. Y pues, algunas veces, muchas, mi pequeño volvía con otro título de Oliver Jeffers.

Este post lo tenía pensado hace mucho. Aproximadamente un año. Y lo hago realidad cuando mi amiga, la que me prestó la colección, le regaló a mi hijo el pack de los tres libros. La cara que puso cuando se lo entregó fue un gol de media cancha. Un check enorme a mi afán de colocar la lectura dentro de su vida. Un respiro a cada noche de acostarse con un libro en la cama. Un abrazo a mi gusto por la lectura que lucho por no dejar de lado jamás.

Este post es para todos los que tienen un niño cerca, o dentro al que quieran alimentar de sueños y esperanza. 

Que los libros nunca mueran. 

La foto fue obtenida de: https://www.google.com.pe/search?q=oliver+jeffers+hab%C3%ADa+una+vez+un+ni%C3%B1o&client=safari&hl=es-pe&prmd=ivn&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiN7cvPuvXRAhWH2yYKHf38BGkQ_AUIBygB&biw=375&bih=559&dpr=2#imgrc=2IFzFVYEQJm8CM:

Una serie de eventos desafortunados (cuando la realidad sobrepasa a la ficción y a la fricción)

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Una serie de eventos desafortunados (cuando la realidad sobrepasa a la ficción y a la fricción)

En la vida de una familia, como en todo, de vez en cuando las situaciones nos retan. Unas más que otras.
Resulta que a finales de agosto empezaron a acontecer una serie de eventos desafortunados, como la película esa que no he visto. Y acá voy a comenzar a enumerar, mientras tengo mis audífonos de música Relax de Spotify intentando darme creatividad para maquillar la lista ridículamente tonta e irrelevante, que por solitario podríamos reírnos, pero que si juntamos, tal como nos está sucediendo, causan estrés, nos prueban día a día, nos hacen sentir como en The Truman Show, donde yo soy Truman pero sin show, sin reality, sin espectadores.

Y acá va como primer acontecimiento desafortunado, ese que relata cuando la nana sale de casa un día cualquiera, un lunes cualquiera, esos de los que ni merecen existir, y lamentablemente mete la pata. Literalmente. En uno de los baches que la construcción de al lado ha dejado al libre albedrío de cualquier despistado, como para que metas la pata bien, que te la dobles, y te fisures el peroné, como le pasó a ella. Finalmente no es nada grave. Su lesión pronto sanará y todos nos reiremos juntos de esto, mirando al pasado con una copa de vino blanco en la mano y comiendo trufas de chocolate.

Lo que es grave es mi mente y todo las malas vibras que debo haber enviado en ese momento a la construcción, su ingeniero, a quien otorga las licencias municipales y todos sus familiares.

Siguiente escena: caos.

Luego, nos calmamos, respiramos, pensamos. Gracias a Dios somos aún seres pensantes. Y bueno, luego de que la nana fue al doctor, obtuvimos un yeso y descanso médico que esperamos acabe algún día!

Ya con esto, que nos saca ligeramente de nuestra zona de confort, empezamos a hacer malabares para cumplir con el colegio, el trabajo de ambos padres, y los cuidados que el niño merece. Vamos bien, sobreviviendo. Ya. Está bien. “Qué exagerada eres” puedes estar pensando. “Qué tanta vaina para eso quieres hijos”. Ok. De acuerdo, siempre he pensado que uno y una familia debe poder demostrarse a sí mismos que uno puedo solo y sin ayuda porque no hay mayor cosa que una buena coordinación no pueda hacer.

Ok. Seguimos.
Segundo acontecimiento. Justo cuando empezábamos a acomodarnos a la idea de que no teníamos a la nana por varios días, resulta que se mete un bicho atrevido y des ubicado al oído de mi hijo y nos golpea con una otitis. Mala noche, visita al doctor, desorden de rutina, etc. No importa. Seguimos. Lo bueno es que no hay nada grave y que se recupera rápido.

Tercer acontecimiento y no por ello menos importante, el ascensor se malogró. Y no es que anecdóticamente alguien se haya quedado dentro y cuando lo rescataron pudimos seguir usándolo. No. No funciona. Usa las escaleras por siempre y para siempre. 5 pisos más un sótano. Positivamente pienso que hago más ejercicio. Siempre, menos cuando bajo al carro a buscar un domingo a las 7 de la mañana la mochila de Transformers y llego al sótano y no tengo la llave. Ahí deja de ser deporte para ser un evento desafortunado. Uno más.

Y en el camino, entre idas y venidas, entre días y noches atareadas, agotadoras pero muy simpáticas en la intimidad de una familia de tres que disfruta su casa desordenada pero feliz, aparecían ciertos síntomas de la otitis, por ejemplo, que íbamos poco a poco controlando. Se iba manejando todo bien. Y justamente un viernes en la noche, cuando estábamos a punto de relajarnos, de disfrutar de una noche tranquila sin prisas, apareció uno de los hechos que me remontó a mi niñez. 

Sacó de mí ese estrés maligno de cuando las profesoras del colegio me miraban mal, con cara de que yo era una delincuente. Ese estrés y culpa que me hacía decir “mamá, no quiero ir al colegio” y peor aún: “mamá llévame a cortarme el pelo”. Hoy me río. Hoy pienso en qué paupérria inteligencia  emocional de dichas profesoras. 

Y bueno, a qué lleva todo esto? a que los piojos llegaron a mi vida, a mi familia. A mis sábanas, a mi ducha, a la cabeza de mi hijo. Otra vez más, CAOS. Y la acción fue inmediata. Mi esposo cogía una linterna y yo las tijeras. Hasta que empezamos a razonar. Él buscaba por internet, yo en la cabeza de mi hijo. Él usaba la linterna para buscar mejor mientras mi hijo dormía y yo preguntaba al pediatra y me comunicaba con las mamás del colegio. Muchas me dieron calma. Me ayudaron a no sentirme una marciana, a no sentirme Tarzán en la ciudad. A no sentirme el tío Cosa infectado en una pasarela  de Milán. Y Luego yo me quedaba dormida.

La mañana siguiente fue maratónica. Compré shampoo anti piojos. Lo apliqué en el pelo de mi hijo, en el mío. Mi esposo también lo hizo. Busqué y rebusqué. Saqué toda la ropa de cama, toallas, pijamas, peluches. Los puse en la cola de la lavandería de mi casa, que es enana, para lavarlos en agua caliente poco a poco.

Escribo todo esto y me agoto. Y luego mi cuerpo creo que brotó con un llamado de estrés porque me dio dolor de cuello, de cabeza, de garganta. Y luego ya me curé. Continúo aplicando el shampoo en mí, más de la cuenta, más de lo que dicen las instrucciones. Pero no quiero perder más pelo del que ya perdí. En cuatro días debo volver a aplicar el shampoo en todos. El peine. Lavar todo. Otra vez.

Con este y todos los acontecimientos desafortunados me despido. A punto de pasarme el huevo, bañarme en ruda, tocar madera.

Imagen de favim.com 
 

Mi dependencia al Waze

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Si la mañana me juega una mala pasada y hace que me demore un poco más de la cuenta, tengo gracias a Dios a Waze en mi teléfono.

En algún momento dejó de funcionar. No sé si fue que no actualizé el iOS pero simplemente dejé de usarlo e intenté confiar en mi instinto. Sin importar la hora tomaba la misma ruta para ir al colegio. 

Hasta que un día sufrí de un par de atracones de una hora sin opción a salida o a cambio de calle. 

Nunca más. Hice todo lo posible para actualizar lo que tenía que cambiarse y conecté nuevamente con este app que sobre todo en las mañanas me ha ayudado a llegar temprano. 

Salgo a una hora bastante prudente a favor del sueño de mi hijo. Lo levanto 6:45 am (no es tan tan temprano versus la madrugada que deben interrumpir otros niños). 

Salir con calma, manejar riéndote a estas horas es un deber. Una responsabilidad. Ir con paciencia para afuera del carro y para adentro. 

Además, aparte de llegar temprano tengo varias rutas nuevas que no conocía. 

El día que descubra la bondad del Snapchat por ahí que me vuelvo heavy user. Como con Waze.

Muy importante en Educación

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Tomo esta entrevista a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno con una visión muy interesante de la educación.

La pego aquí tal cual publicada por “Plataforma Despertar Integral” cuyo link es: http://www.despertarintegral.com/2013/06/la-educacion-que-tenemos-roba-a-los-jovenes-la-conciencia-el-tiempo-y-la-vida/

Me parece genial esta propuesta. Levantar al mundo que hay más de un tipo de educación es vital por la carencia que hoy tenemos en muchos niveles de la sociedad y sobre todo de las familias.

 

“Claudio Naranjo ha dedicado su vida a la investigación y a la docencia en Universidades como Hardvard y Berkeley. Ha fundado el programa SAT, una integración de la terapia Gestalt, el Eneagrama y la Meditación para enriquecer la formación de profesores. En este momento está lanzando un aviso muy contundente: o cambiamos la educación o este mundo se va a pique.

-Dices que para cambiar el mundo hay que cambiar la educación ¿cuál es la problemática de la educación y cuál es tu propuesta?

-La problemática en la educación no es de ninguna manera la que a los educadores les parece que es. Creen que los estudiantes ya no quieren lo que se les ofrece. A la gente se le quiere forzar a una educación irrelevante y se defiende con trastornos de la atención, con desmotivación. Yo pienso que la educación no está al servicio de la evolución humana sino de la producción o más bien de la socialización. Esta educación sirve para domesticar a la gente de generación en generación para que sigan siendo unos corderitos manipulables por los medios de comunicación. Esto es socialmente un gran daño. Se quiere usar la educación como una manera de meter en la cabeza de la gente una manera de ver las cosas que le conviene al sistema, a la burocracia. Nuestra mayor necesidad es la de una educación para evolucionar, para que la gente sea lo que podría ser.

La crisis de la educación no es una crisis más entre las muchas crisis que tenemos, sino que la educación está en el centro del problema. El mundo está en una crisis profunda porque no tenemos una educación para la conciencia. Tenemos una educación que en cierto modo le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida.

El modelo de desarrollo económico de hoy ha eclipsado el desarrollo de la persona.

-¿Cómo sería una educación para que seamos seres completos?

-La educación enseña a la gente a pasar exámenes, no a pensar por si misma. En un examen no se mide la comprensión, se mide la capacidad de repetir. ¡Es ridículo, se pierde una cantidad tan grande de energía! En lugar de una educación para la información, se necesitaría una educación que se ocupe del aspecto emocional y una educación de la mente profunda. A mi me parece que estamos presos entre una alternativa idiota, que es la educación laica y una educación autoritaria que es la educación religiosa tradicional. Está bien separar Estado e Iglesia pero, por ejemplo en España, han echado por la borda el espíritu como si religión y espíritu fueran la misma cosa. Necesitamos que la educación atienda también a la mente profunda.

-¿Cuándo hablas de espiritualidad y de mente profunda a qué te refieres exactamente?

-Tiene que ver con la conciencia misma. Tiene que ver con aquella parte de la mente de la que depende el sentido de la vida. Se está educando a la gente sin ese sentido. Tampoco es la educación de valores porque la educación de valores es demasiado retórica e intelectual. Los valores deberían ser cultivados a través de un proceso de transformación de la persona y esta transformación está muy lejos de la educación actual.

La educación también tiene que incluir un aspecto terapéutico. Desarrollarse como persona no se puede separar del crecimiento emocional. Los jóvenes están muy dañados afectiva y emocionalmente por el hecho de que el mercado laboral se traga a los padres y ya no tienen disponibilidad para los hijos. Hay mucha carencia amorosa y muchos desequilibrios en los niños. No puede aprender intelectualmente una persona que está dañada emocionalmente.

Lo terapéutico tiene mucho que ver con devolverle a la persona la libertad, la espontaneidad y la capacidad de conocer sus propios deseos. El mundo civilizado es un mundo domesticado y la enseñanza y la crianza son instrumentos de esa domesticación. Tenemos una civilización enferma, los artistas se dieron cuenta hace mucho tiempo y ahora cada vez más los pensadores.

-A la educación parece solo interesarle desarrollar la parte racional de la gente ¿Qué otras cosas podrían desarrollarse?

-Yo pongo énfasis en que somos seres con tres cerebros: tenemos cabeza (cerebro intelectual), corazón (cerebro emocional) y tripas (cerebro visceral o instintivo). La civilización está íntimamente ligada por la toma de poder por el cerebro racional. Con el momento en que los hombres predominaron en el dominio político, unos 6000 años atrás, se instaura esto que llamamos civilización. Y no es solamente el dominio masculino ni el dominio de la razón sino también de la razón instrumental y práctica, que se asocia con la tecnología; es este predominio de la razón instrumental sobre el afecto y sobre la sabiduría instintiva lo que nos tiene tan empobrecidos. La plenitud la puede vivir sólo una persona que tiene sus tres cerebros en orden y coordinados. Desde mi punto de vista necesitamos una educación para seres tri-cerebrados. Una educación que se podría llamar holística o integral. Si vamos a educar a toda la persona, hemos de tener en cuenta que la persona no es solo razón.

Al sistema le conviene que uno no esté tanto en contacto consigo mismo ni que piense por sí mismo. Por mucho que se levante la bandera de la democracia, se le tiene mucho miedo a que la gente tenga voz y tenga conciencia.
La clase política no está dispuesta a apostar por la educación.

-La educación nos sumerge en un mar de conceptos que nos separan de la realidad y nos aprisiona en nuestra propia mente ¿Cómo se puede salir de esa prisión?

-Es una gran pregunta y es una pregunta necesaria en el mundo educacional. La idea de que lo conceptual sea una prisión requiere una cierta experiencia de que la vida es más que eso. Para uno que ya tiene el interés en salir de la prisión de lo intelectual, es muy importante la disciplina de detener la mente, la disciplina del silencio, como se practica en todas las tradiciones espirituales: cristianismo, budismo, yoga, chamanismo… Parar los diálogos internos en todas las tradiciones de desarrollo humano ha sido visto como algo muy importante. La persona necesita alimentarse de otra cosa que conceptos. La educación quiere encerrar a la persona en un lugar donde se la somete a una educación conceptual forzada, como si no hubiera otra cosa en la vida. Es muy importante, por ejemplo, la belleza. La capacidad de reverencia, de asombro, de veneración, de devoción. No tiene que ver necesariamente con una religión o con un sistema de creencias. Es una parte importante de la vida interior que se está perdiendo de la misma manera en que se están perdiendo los espacios bellos de la superficie de la Tierra, a medida que se construye y se urbaniza.

-Precisamente quería preguntarte tu opinión sobre la crisis ecológica que vivimos.

-Es una crisis muy evidente, es la amenaza más tangible de todas. Se puede prever fácilmente que con el calentamiento de la Tierra, con el envenenamiento de los océanos y otros desastres que están pasando, no vamos a poder sobrevivir tantas personas como las que somos ahora.

Estamos viviendo gracias al petróleo y consumimos más recursos de los que la tierra produce. Es una cuenta atrás. Cuando se nos acabe el combustible será un desastre para el mundo tecnológico que tenemos.

La gente a la que llamamos más primitiva como los indígenas tienen una forma de tratar a la naturaleza que no viene del sentido utilitario. En la ecología como en la economía y otras cosas, hemos querido prescindir de la conciencia y funcionar sólo con argumentos racionales y eso nos está llevando al desastre. La crisis ecológica sólo puede pararse con un cambio de corazón, verdadera transformación, que sólo la puede dar un proceso educativo. Por eso no tengo mucha fe ni en las terapias ni en las religiones. Solo una educación holística podría prevenir el deterioro de la mente y del planeta.

-¿Podríamos decir que has encontrado un equilibrio en tu vida a esas alturas?

-Yo diría que cada vez más, aunque no he terminado el viaje. Soy una persona que tiene mucha satisfacción, la satisfacción de estar ayudando al mundo en el que estoy. Vivo feliz, si se puede ser feliz en esa situación trágica en la que estamos todos.

-Desde tu experiencia, tu trayectoria y tu madurez, ¿cómo procesas el hecho de la muerte?

-En todas las tradiciones espirituales se aconseja vivir con la muerte al lado. Hay que hacerse a esa evidencia de que somos mortales y creo que el que toma la muerte en serio no será tan vano. No tienes tanto miedo a cosas pequeñas cuando hay una cosa grande de la cual preocuparte más. Yo creo que la muerte sólo puede superarla uno que en cierto modo muere antes de morir. Uno tiene que morir a la parte mortal, a la parte intrascendente. Los que tienen suficiente tiempo y vocación y que llegan suficientemente lejos en este viaje interior se encuentran tarde o temprano con su verdadero ser. Y ese ser interior o ese ser lo que uno es, es algo que no tiene tiempo y que le da a una persona una cierta paz o un sentido de invulnerabilidad. Estamos muy absortos en nuestra vida cotidiana, en nuestros pensamientos de alegría, tristeza, etc… No estamos en nosotros, no estamos atentos a quien somos. Para eso necesitamos estar muy en sintonía a nuestra experiencia del momento. Esta es la condición humana, estamos viviendo hacia el pasado y el futuro, el aspecto horizontal de nuestra vida. Pero poco atentos a la dimensión vertical de nuestra vida, el aspecto más alto y más profundo, eso es el espíritu y es nuestro ser y la llave para acceder es el aquí y ahora.

A veces vamos en busca del ser y a veces nos confundimos en la búsqueda de otras cosas menos importantes como la gloria.
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Más información sobre Claudio Naranjo en
http://www.fundacionclaudionaranjo.com

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Nuestro día de suerte

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mi día de suerte

Hoy el tráfico ha estado terrible.

O sea, me levanto muy temprano para ir a hacer deporte hasta las 6 am. Luego regreso y ya estoy muy despierta para alistarme a mí y a mi hijo de 4 años para ir al colegio. Pero algo en mí dice que debe acabarse la leche de almendras (porque claro, se la he preparado yo). Entonces, la taza de Mickey debe quedar vacía. Y como tiene él mucha paciencia, demora y demora y yo solo veo el reloj sonrientemente y le digo “apúrate”.

Pero a la vez pienso, si se acaba de levantar, por qué tendría que tomarse la leche de almendras tan rápido? Entonces, como Peppa y George nos acompañan en la mesa, nos reímos un rato los cuatro. Y sobre todo, cuando que George solo dice “Dinosaurio” como respuesta a las preguntas más importantes.

 

Y llega el momento de salir. Entonces apuramos el paso y subimos él, yo y los diversos paquetes al carro: mi laptop, mi cartera (que pesa), a Peppa, a George, la lonchera del colegio, el bolso del libro de la biblioteca, el termo del jugo de frutas. Y con todo eso y el cinturón puesto, salimos al colegio.

Ponemos música, claro, para relajarnos. Respiro con el abdomen, de manera profunda, como en el yoga, para estar lo más tranquila posible. Tanto así que cuando llego al punto medio del camino y los carros no avanzan y además decido tomar el peor camino, nada pasa! Seguimos enteritos los 4. Incluso cuando Waze no reacciona, todo tranquilo! Porque es miércoles de Semana Santa y es como si fuera viernes. Entonces voy advirtiendo al pasajero más lindo que probablemente (aunque dentro de mí lo aseguro), vamos a llegar por la puerta de vidrio, donde llegan los niños que pasan las 8:00 en punto. Donde la otra profesora los lleva al salón. Esto para que vaya asumiendo que no tendremos despedida romántica en la puerta del salón.

Y cuando todo parecía estar ya perdido, pero siempre con una sonrisa, el Señor del cielo nos bendijo dejándonos abierta la otra puerta. La de los niños que llegan temprano, caminando, con sus papás, relajados, sin correr. Y es recién cuando entramos al colegio y nos damos cuenta de que la luz en el túnel todavía existe, cuando mi hijo me dice “mamá, chócala” (o sea give me five!). Qué felicidad! Es nuestro día de suerte! Entonces, tuvimos la hermosa oportunidad de estar cinco minutos más juntos, de hacer pila en el baño (él, porque yo luego sufrí un poco), de lavarse las manos, de abrazarnos en la puerta del salón mil veces y de decir “que te vaya lindo hoy”.

Hemos prometido que luego de los días libres, este niño se levantará un poquito más temprano, para no tener estos estreses locos y matutinos.

Contar lo que me pasó de regreso, que necesitaba hacer pila en el tráfico yendo al trabajo, no es nada! Cero preocupaciones, porque todo salió bien.

Manos mágicas

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Manos mágicas

Abro una de las puertas de mi clóset y entre libros, discos, algunos zapatos, y otros, veo varios cartones de cajas de zapatos y otros empaques que han llegado a la casa. 

Qué hacen ahí? 

Aguardan por su momento de transformación. No. Nada espiritual. Sí. Es un tema de forma. 

Tan simple como abrir el libro de “Manitos a la Obra” con varias ideas de manualidades que puedes hacer con niños en casa.

Mi hijo, que ya tiene casi 4 años, enciende los ojos cada vez que hay posibilidad de preparar algo, lo que sea, de ese libro o cualquier idea relacionada a artes manuales. 

Así que aprovecho en sacarle provecho a eso. Y sacamos tijeras, gomas, incluso hoy compramos silicona líquida en la bodega (cerquita porque teníamos que pegar ya el barco). 

Acá unas fotos del proceso. De creación, de disfrute y de conversación.