Archivos Mensuales: marzo 2012

En busca del sueño perfecto

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Normalmente uno se cuestiona todo, constantemente. Y cuando estás embarazada, mucho más. Al menos me pasaba a mí. Me esforcé por tener una vida saludable. Dejé de tomar alcohol, café, gaseosas. Limité mi consumo de golosinas y traté de dormir bien, pero esto sí me salió mal.

Si en los tres primeros meses me moría de sueño todo el día y dormía riquísimo cuando llegaba a mi cama, luego no pude controlar el insomnio. Fue frustrante estar muy cansada, querer dormir, pero aún así estar despierta varias horas en la madrugada. Llegué a contar ovejitas, leer, revisar mi facebook, jugar Bejeweled (de facebook también). Pero sin éxito.

Mi cerebro se encendía aproximadamente entre 2 y 4 de la madrugada y no paraba de pensar en todo, a mil revoluciones por minuto. Pasaba desde pendientes en el trabajo hasta la decoración del cuarto de mi hijo en solo 1 minuto. Hacía recuentos de cuánto azúcar podría haber consumido en un día para estar tan despierta, o simplemente intentaba colocar mi mente en blanco y cerraba los ojos para entrar en un sueño profundo, pero siempre era un fracaso.

A las seis de la mañana se acrescentaba mi mal humor y mi cansancio y recién lograba un reposo profundo. Pero oh no! jamás escuchaba el despertador, o lo apagaba inconscientemente. Y a la hora que recobraba el sentido de vigilia prácticamente saltaba de la cama a la ducha, me cambiaba sin pensar, me pregunto ahora si me peinaba y volaba al trabajo.

Hoy, con un bebé de 2 meses, pienso que esto fue un mini entrenamiento a todo lo que venía, pero irónicamente, a pesar de tener horas de sueño mucho más cortas que antes, descanso plenamente y he recuperado la capacidad de soñar.

¿Cómo lo vamos a llamar?

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Estoy segura que la gran mayoría de mujeres, así como seguramente sueña con casarse como princesas, también se pasa la vida recolectando nombres para sus futuros hijos.

En mi caso, no era tanto lo primero, pero sí lo segundo, lo que me pasó. Desde mi adolescencia me la pasé apuntando nombres que me parecían interesantes para reservarlos en absoluto secreto hasta el día en que mis hijos llegaran. El problema fue que jamás guardé los papelitos.

Entonces, cuando el momento de la elección del nombre llegó, Renato y yo pensamos bastante al respecto. Intentamos buscar en la vida real y no en los cuentos de hadas, nombres que nos gusten, que nos parezcan originales y sobre todo, que no se repitan demasiado en la generación de nuestro hijo -cosa que no sabremos hasta que conozcamos más niños de su edad-. Teníamos 2 opciones que por poco no llegaban a emocionarnos del todo, que no hacían sonar las campanas de nuestro corazón, ni que hacían dilatar nuestros iris al pensar en ellos.

Pero fue en una playa mexicana, donde pasábamos la luna de miel, cuando una vez más el fútbol mandó una respuesta acertiva a nuestras vidas. Renato se fue a jugar un partido de fútbol playa con pequeños participantes de varias partes del mundo, mientras yo disfrutaba de unos baños de sol envidiables, en una arena blanquísima y con una vista perfecta del mar azul. Fue allí donde un niño argentino demostró grandes habilidades con la pelota, aspecto que Renato intentó elogiar diciéndole “Te pareces a Messi”. Pero la respuesta de esta pequeña criatura fue “No, yo soy Fausto”.

Con tremenda seguridad en sí mismo y la poca necesidad de imitar y parecerse a uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo, el pequeño Fausto le regaló a Renato el nombre de su hijo. Acabado ya el partido, mi acompañante me fue a buscar diciéndome con una gran sonrisa “ya tengo el nombre”, y me contó la anécdota. Y claro, yo tampoco me pude resistir. A pesar de que no acepté demasiado rápido, sí mostré mi afinidad por la fuerza del nombre y por la inteligente respuesta del niño que se cruzó con Renato para dejarle esta opción que finalmente selló a la personita que llevaba dentro.

De regreso a Lima, ya no traíamos a un NN, sino a Fausto, que crecía día y noche luego de también haber tomado sol en el Caribe, conmigo y su papá.

 

 

Es un niño!

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Tenía 4 meses de gestación. Esta era la segunda visita a mi nuevo ginecólogo. Cada día de estos despertaban una curiosidad enorme en mí. Me encantaban porque era la única manera de verlo y de oírlo. Su presencia en la pantalla y sus latidos me decían mes a mes “Mami, estoy acá”. Creo que de todas las consultas yo salía con una sonrisa en la cara y mil quinientas ilusiones en el corazón.

Pero justamente en la segunda visita la ilusión comenzó a tener más forma. No nos esperábamos saber el sexo tan pronto pero ya en el consultorio del doctor, cuando estábamos viendo la ecografía, nos dijo “El compadre está sin wetsuit”. ¿Estás seguro? pregunté. Y contestó: No te lo diría si no estuviera 150% seguro. Entonces, hice match entre la figura que yo había decodificado como un pequeñisimo pene, y la confirmación del doctor.

Con esta noticia inesperada salimos del consultorio el padre, el hijo con sexo definido, y yo. Fue algo inesperado por la rapidez de la certeza, pero lindo. Ya me podía imaginar las medias de fútbol tiradas por la casa. Ya no serían solamente del padre, sino también del hijo.

Renato, el papá, al salir, no pudo ocultar la enorme felicidad de saber que tendría un varón. Hablando desde mi punto de vista, siento que era lo que él quería. ¿Qué más podría pedir? yo creo que su siguiente deseo es, hasta ahora, que ame el fútbol tanto como él.