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Para enamorarse de los libros desde pequeño

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Mi hijo cumplió cinco años hace poco. No recuerdo con claridad cuándo fue que empezamos a leerle libros o cuentos, pero fue hace mucho. 

Si es que lo hicimos de bebé no lo tengo tan en mente, pero se me viene un recuerdo de cuando estuvo en el nido, a los dos años, donde tenían la dinámica de la biblioteca. Cada jueves los pequeños escogían y llevaban un libro a casa y debía ser devuelto el lunes.

Y por supuesto si mi hijo llega a casa con un libro que él ha escogido y que debía devolver en pocos días, obviamente que había que preguntar de qué se trataba, abrirlo, olerlo, leerlo. Mirar sus ilustraciones. 

Me despertaba una gran curiosidad pensar con qué criterios mi hijo de dos años podría estar escogiendo libros. Me despertaba mucha ternura descubrir que era capaz de entrar en una dinámica de préstamos de biblioteca, que aunque sea de un nido, era nueva y de alguna manera lo llevaba a la posibilidad de entender cualquier biblioteca del mundo.

Luego, en el colegio, en la etapa pre escolar aún, continuó la biblioteca. Mucho más grande y con más opciones probablemente para escoger. Continuó funcionando.

En algún momento, en un verano, una amiga mía le prestó a mi hijo la colección “Había una vez un niño” del autor británico, Oliver Jeffers. 

Cuando descubrimos los cuentos, las ilustraciones, la creatividad, la ternura, los personajes y los guiños que tiene el autor entre sus cuentos, mi hijo y yo lo empezamos a amar.

En esta colección encontramos tres cuentos muy recomendables: 1.- Perdido y encontrado; 2.- Cómo encontrar una estrella; y 3.- De vuelta a casa. Cada uno más encantador que el otro. 

Resulta que luego de devolver los tres ejemplares a mi amiga, que no era la biblioteca pero nos abrió un mundo por descubrir en papel, letras y dibujos; mi hijo buscó a Jeffers en la biblioteca del colegio. Y llevó a casa muchas veces el ejemplar en francés “Perdú, retrouvé” (perdido y encontrado). Lo leímos muchas veces en el año. Y cuando la bibliotecaria y la profesora notaban que mi hijo no cambiaba de libro por muchas semanas, le pedían que lo devuelva y saque otro. Y pues, algunas veces, muchas, mi pequeño volvía con otro título de Oliver Jeffers.

Este post lo tenía pensado hace mucho. Aproximadamente un año. Y lo hago realidad cuando mi amiga, la que me prestó la colección, le regaló a mi hijo el pack de los tres libros. La cara que puso cuando se lo entregó fue un gol de media cancha. Un check enorme a mi afán de colocar la lectura dentro de su vida. Un respiro a cada noche de acostarse con un libro en la cama. Un abrazo a mi gusto por la lectura que lucho por no dejar de lado jamás.

Este post es para todos los que tienen un niño cerca, o dentro al que quieran alimentar de sueños y esperanza. 

Que los libros nunca mueran. 

La foto fue obtenida de: https://www.google.com.pe/search?q=oliver+jeffers+hab%C3%ADa+una+vez+un+ni%C3%B1o&client=safari&hl=es-pe&prmd=ivn&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiN7cvPuvXRAhWH2yYKHf38BGkQ_AUIBygB&biw=375&bih=559&dpr=2#imgrc=2IFzFVYEQJm8CM:

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¡Añádele celdas al Excel!

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¡Añádele celdas al Excel!

Tienes un hijo. O tienes dos, o más. Para efectos de este post con uno basta.

Apenas nace la criatura empiezan a llover los amigos y familiares que también tienen hijos y los comienzas a frecuentar, se estrechan los lazos y como por arte de magia también empiezan a llegar las invitaciones a los cumpleaños, porque claro, naturalmente la gente año a año suma velas en las tortas. Y si vivimos en una sociedad occidental “tradicional” pues es motivo de celebración.

No me estoy quejando. Para nada. Me gusta mucho celebrar de cualquier forma los cumpleaños de la gente que quiero y las Fiestas Infantiles hacen feliz a mi hijo.

Pero si leyeron bien este título, esta vez haré catarsis con el presupuesto. En casa manejamos uno, imagino que muchos padres o jefes de familia lo hacemos. Y cuando nuestro F entró al colegio, con un número de 23 alumnos en el salón, decidimos añadirle una línea al excel.

Como finalmente uno aprende a acomodarse, a adaptarse y muta, no hay problema. Además, siempre hay que pensar siempre en abundancia.

Sin embargo, más allá del dinero, con el tiempo cada vez más tomo la postura de disfrutar más las compañías, por lo menos en mi cumpleaños, que los regalos. Y esto me encantaría que lo pueda entender mi F cuando crezca. Y a qué viene esto? a que el santo de mi F es en diciembre. Es decir se acerca y (maniática yo) ya lo estoy planeando.

Y pensando en lo que los santos le devuelven al medio ambiente, sin ser extremista, comenzaré en este evento por lo menos a incluir en las invitaciones virtuales (no quiero imprimirlas o debo pensar de qué manera entregar invitaciones recicladas) un mensaje relacionado a que por lo menos no envuelvan los regalos en papeles de regalo nuevos.

Mi hijo cumple casi inmediatamente luego de Navidad (para lo que tampoco usaré papel de regalo). Entonces haré un llamado a la conciencia ambiental de los invitados para que aunque sea, utilicen las envolturas que han recibido sin sentir vergüenza, ya que nadie los juzgará.

Cuando he recibido este tipo de invitaciones me han encantado. Espero que los invitados se involucren en esta diminuta iniciativa.

De paso encontré estos tips de envolver con papel periódico: http://manualidades.facilisimo.com/envolturas-para-regalo-con-papel-periodico_961050.html
foto de envoltura de https://www.veoverde.com/2009/12/10-ideas-de-envoltorios-ecologicos-para-navidad/

envoltura de regalos reciclada