Pescado para el niño

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Mi hijo ama el pescado. Sobre todo el frito. A mí también me encanta. Es súper rico y alimenta un montón. 

Tanto le gusta que hoy, aparte del plato del almuerzo que tocaba pidió aparte un pedazo de pescado frito. 

El menú de hoy era torreja de coliflor. En este caso compré Trucha, y estaba buenaza.

Es importante que los niños desde pequeños entiendan que una alimentación saludable previene enfermedades y algunas condiciones físicas.

Además, tengo gente en la parte de arriba de mi árbol genealógico con problemas de diabetes. Entonces, yo aunque me gusta comer rico, entiéndase grasa, dulce, los evito y trato de enamorarme un poco más de las verduras y frutas. 

Cuesta muchísimo. Porque a donde mires en esta sociedad del alimento vacío en nutrientes y lleno de azúcar, es difícil encontrar en cada esquina opciones saludables y que no te rompan el bolsillo.
Aunque si lo vemos por el otro lado, tengo claro que si invierto en mi alimentación y en la de mi hijo y en la de la familia completa, ahorraré en curaciones de enfermedades. 

Pero cuesta. Y bastante. 

Yo hago, aunque no cocino, el menú de la casa. Y mi objetivo principal es tener una dieta balanceada para todos. Entonces he incluido hace mucho tiempo, los fideos y arroz integrales. Y trato de tener un plato con pollo o carne 2 veces a la semana, como máximo. 

Ayer tocó trucha con arroz y ensalada, hoy torrejas de coliflor y mañana será olluco. 

Yummy! 

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Un hombre me ama

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Ay, el amor!

Esa cosa que nadie entiende, de la que muchas personas hablan, y pocos tienen. 

Bueno. De eso, orgullosa yo, quiero declarar que tengo mucho. 

Acá una prueba clara de ello. 

Y quién mejor que tu propio hijo para demostrar desde pequeño transparentemente su amor.

Que sepa, identifique y procese en su mente que el amor se siente y se expresa de manera positiva.

Él tiene cinco años y desde que puede escribir, una de sus creaciones es este tipo de cartas.

La gran pregunta es ¿hasta cuándo las recibiré?

Tú, hombre, hijo ¿le has escrito una carta de amor a tu madre últimamente?

Mi hijo me hace cartas

Carta de amor

Abrir el ojo a las 6 am es un chancay!

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Llega el momento de la verdad. De pronto el hijo ya va al colegio y te viene a la mente la advertencia que te hicieron en el nido de “ahí tiene que llegar temprano”. Es entonces cuando mi ánimo de madre empeñosa se resetea para lograr el objetivo: llegar a la hora, temprano, a la puerta del salón.

Y empieza el trabajo como de atrás para adelante. Y la conclusión en esta parte de la vida, para una madre como yo que se encarga de la logística matutina para salir de casa hacia el colegio, es primero alístate tú madre, ten el desayuno listo y luego, recién en ese momento, prepara al niño.

Entonces calculen unos 40 minutos a paso de atleta para salir de la cama, dejar el desayuno listo, preparar la lonchera (que ojo esta es sin pensar, obedeciendo al cuadro semanal), meterme a la ducha, cambiarme, peinarme para poder tener los 6 sentidos con el peque.

Gran aguante y esfuerzo les digo, pero como la victimización jamás es un camino, siempre me puse a pensar en todas las familias del mundo que hacen lo mismo que yo. Podríamos decir que todas ellas con niños en edad escolar, sobre todo los más pequeños, se adaptan a este tipo de ritmo cardiaco casi, pero que se vive con amor, motivación y pasión. 

Ya he dicho yo que es uno de mis momentos favoritos del día.

De lunes a viernes me despierto a las 6 am y quiero confesar que es cansador, pero soy muy feliz. 

Y recién con esta experiencia me di cuenta de lo común que es esta práctica en tantos padres y madres y sobre todo, sentí en mí un gran reconocimiento a todas las mamás y papás que se organizan para ser acompañantes activos en el desarrollo de su hijo como motivadores de los niños para vivir cada día de manera distinta al anterior de manera especial. Y al decir común no sentí ser una más del montón, si no, sentí una pertenencia a una comunidad que empuja hacia adelante y que da ánimos sin siquiera hablar.

Receta para desayuno de domingo con niños

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Llega el domingo para estar tranquilos en casa y abro el ojo cuando mi hijo me despierta temprano a pedir desayuno porque tiene hambre. 

Y cuando le provoca, preparamos panqueques de quinua y avena, una receta que nos inventamos para no usar haría blanca.

Y la receta va así:

– mezclas en un bowl 1/2 taza de harina de quinua y 1/2 taza de avena 

– añades 1 huevo y mezclas

– añades 1 taza de leche (funciona con la de almendras o arroz o también de vaca)

– mezclas y con un poco de aceite de coco fríes en la sartén.

– le puedes añadir miel de abeja cuando ya está listo y mucha fruta.

Es muy fácil. Y lo mejor de todo esto es que la preparación de la mezcla la puede hacer un niño sin problema. Pero claro, luego el adulto debe hacer la tarea con la sartén.

Qué ricos son los domingos!!!

Lava tu plato

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Lava tu plato

Cómo haces para que tu hijo de cinco años quiera lavar el plato en el que comió torta de cumpleaños y luego te diga “para que no lo tengas que lavar tú”.

Acá es cuando hago check al pendiente.

Mamá, quiero lavar mi plato

Busco nana

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Busco nana

Desde que fui mamá y desde que tuve que buscar una nana que ha permanecido con nosotros por más de cinco años, de vez en cuando recibo preguntas de embarazadas acerca de cómo empezar esta búsqueda.
Me acuerdo de mí misma sin panza cuando no imaginaba una nana en mi vida. Y recuerdo que cuando estaba embarazada busqué yo misma el consejo de una reciente mamá en mi trabajo, a quien le pregunté desde cuánto pagas, hasta horarios y beneficios. Y confieso que me sirvió tremendamente.

Hoy, cuando alguien me pregunta me acuerdo de que yo tampoco sabía por dónde empezar, y por eso me atrevo a comentar algunas variables que podrían orientar a las mamás que buscan ayuda para cuidar a la persona más importante.

Hay que entender que no hay opción correcta, o no hay mejores opciones. Cada madre, cada bebé y cada dinámica familiar tienen una fórmula distinta con diferentes dosis de elementos. Así como mi dieta y mi régimen de ejercicios puede no convenirle a mi vecina, pues mi dinámica con la nana no tiene por qué ser la misma que la de mi hermano con la suya.

Empieza por preguntarte si realmente necesitas una nana o si puedes resolverlo con una guardería. Esta es un opción de algunas personas que conozco y les va muy bien porque versus el cuidado en casa de un bebé, sobre todo para los primogénitos, la guardería representa una sociabilización que entrega algunos beneficios como independencia y aprendizaje de algunas reglas de comunidad. 

Muchas guarderías tienen cámaras que se pueden monitorear en tiempo real. Es interesante también porque delimita claramente el tiempo en que la mamá o el papá deben estar desocupados, es decir, te saca de la oficina, cosa que cuando tienes un bebé, es positivo. 

Y bueno, la guardería tiene varios otros etcéteras que sería cuestión de explorar cuando el momento de la elección se encuentre cerca. 

Y como la escolarización, querámoslo o no, es temprana, se estima un paso por este lugar de aproximadamente 3-4 años. Ojo, no soy educadora ni psicóloga, soy mamá.

Y luego nuestro el desglose de variables en función a la contratación de una nana:

Qué tipo de horario prefiero? Cama afuera o cama adentro? (Y más allá de que la necesidad de una nana pueda estar en cuestionamiento, al vivir en una sociedad donde ponemos hijos en nuestro camino y los tiempos de los padres y niños no concuerdan más que nada, días de semana) resulta que la necesidad es real sobre todo, cuando la madre trabaja fuera de casa.

Entonces, la elección va en función a cuánto tiempo quiero tener a una nana en la casa, la voy a necesitar realmente tantas horas, quiero que siempre duerma en casa? Tiene ella familia? Si tiene familia lo más probable es que lo mejor sea que no se quede a dormir. 

Y otra variable relacionada es el tamaño de la casa. Si es un depa chico, por más que necesites una persona de ayuda cama adentro, es complicado para todos. La libertad, mientras más pequeño el espacio, más extrañada es. Yo me imaginaba desde caminar por casa como Dios me trajo al mundo o pelearme tranquila con mi esposo, cuando se requiera, entre otros temas, que difícilmente podría concretar al 100%.

Y en relación con este punto, es importante la flexibilidad que podríamos pedirle a la persona que nos va a ayudar, cosa que debe tantearse o preguntarse el día de la entrevista. O sea, es factible siempre tener soluciones puntuales de que se quede a dormir si es que no suele dormir en casa. Con una paga adicional acordada previamente y la fecha también conversada, una nana cama afuera podría ayudarnos esa noche que necesitamos salir, o por esa enfermedades que nos mandan a la cama por dos días, por ejemplo.

Es básico tener en cuenta que así como podemos pedir flexibilidad, nos la pueden pedir también a nosotros. Es decir, como en nuestros trabajos, es bueno tener en cuenta que también necesiten horas o días libres para resolver temas puntuales como salud, familiares, etc. lo digo por si acaso.

Luego tenemos los horarios de trabajo diario. Cuando se trata de cama afuera, es importante visualizarnos como madres y preguntarnos si es que vamos a necesitar que llegue 7 am? 8 am? Hasta qué hora? Y los sábados? Hasta las 2 pm? O sin ellos?

Mi decisión, si es que sirve como ejemplo, fue sábados hasta las 2 pm, porque al ser una mamá que trabaja, los sábados sirven para estar en familia, pero también para aprovechar ir al banco, a la peluquería, hacer deporte, a la costurera, o lo que sea que vayas a necesitar. Es un alivio tenerlo.

Además, hay un punto importante cuando se busca una ayuda de este tipo. Existen nanas que solo son nanas (como si fuera poco), y hay también nanas que pueden ayudar en hacer algunas tareas de la casa, como cocinar. Esto ya depende de la comodidad de todos los involucrados y probablemente de si existe la posibilidad de tener ojos extras como los abuelos por ejemplo. Cuando se llega a un acuerdo con una nana que hace algo más en la casa, es cuestión de establecer si se dará un pago adicional. 

Sobre los beneficios que debe entregar todo conforme a ley: seguro de salud, pensión, gratificación, CTS, y vacaciones.

Para enamorarse de los libros desde pequeño

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Mi hijo cumplió cinco años hace poco. No recuerdo con claridad cuándo fue que empezamos a leerle libros o cuentos, pero fue hace mucho. 

Si es que lo hicimos de bebé no lo tengo tan en mente, pero se me viene un recuerdo de cuando estuvo en el nido, a los dos años, donde tenían la dinámica de la biblioteca. Cada jueves los pequeños escogían y llevaban un libro a casa y debía ser devuelto el lunes.

Y por supuesto si mi hijo llega a casa con un libro que él ha escogido y que debía devolver en pocos días, obviamente que había que preguntar de qué se trataba, abrirlo, olerlo, leerlo. Mirar sus ilustraciones. 

Me despertaba una gran curiosidad pensar con qué criterios mi hijo de dos años podría estar escogiendo libros. Me despertaba mucha ternura descubrir que era capaz de entrar en una dinámica de préstamos de biblioteca, que aunque sea de un nido, era nueva y de alguna manera lo llevaba a la posibilidad de entender cualquier biblioteca del mundo.

Luego, en el colegio, en la etapa pre escolar aún, continuó la biblioteca. Mucho más grande y con más opciones probablemente para escoger. Continuó funcionando.

En algún momento, en un verano, una amiga mía le prestó a mi hijo la colección “Había una vez un niño” del autor británico, Oliver Jeffers. 

Cuando descubrimos los cuentos, las ilustraciones, la creatividad, la ternura, los personajes y los guiños que tiene el autor entre sus cuentos, mi hijo y yo lo empezamos a amar.

En esta colección encontramos tres cuentos muy recomendables: 1.- Perdido y encontrado; 2.- Cómo encontrar una estrella; y 3.- De vuelta a casa. Cada uno más encantador que el otro. 

Resulta que luego de devolver los tres ejemplares a mi amiga, que no era la biblioteca pero nos abrió un mundo por descubrir en papel, letras y dibujos; mi hijo buscó a Jeffers en la biblioteca del colegio. Y llevó a casa muchas veces el ejemplar en francés “Perdú, retrouvé” (perdido y encontrado). Lo leímos muchas veces en el año. Y cuando la bibliotecaria y la profesora notaban que mi hijo no cambiaba de libro por muchas semanas, le pedían que lo devuelva y saque otro. Y pues, algunas veces, muchas, mi pequeño volvía con otro título de Oliver Jeffers.

Este post lo tenía pensado hace mucho. Aproximadamente un año. Y lo hago realidad cuando mi amiga, la que me prestó la colección, le regaló a mi hijo el pack de los tres libros. La cara que puso cuando se lo entregó fue un gol de media cancha. Un check enorme a mi afán de colocar la lectura dentro de su vida. Un respiro a cada noche de acostarse con un libro en la cama. Un abrazo a mi gusto por la lectura que lucho por no dejar de lado jamás.

Este post es para todos los que tienen un niño cerca, o dentro al que quieran alimentar de sueños y esperanza. 

Que los libros nunca mueran. 

La foto fue obtenida de: https://www.google.com.pe/search?q=oliver+jeffers+hab%C3%ADa+una+vez+un+ni%C3%B1o&client=safari&hl=es-pe&prmd=ivn&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiN7cvPuvXRAhWH2yYKHf38BGkQ_AUIBygB&biw=375&bih=559&dpr=2#imgrc=2IFzFVYEQJm8CM: