A un vuelo 

Estándar

Cuando una viaja por trabajo y deja al hijo en casa es difícil. No imposible claro. Pero sientes que dejaste una gran maleta importante que no puede venir contigo en el avión, ni a las reuniones, ni al hotel, ni a los almuerzos ni a los paseos que podrías tener en el tiempo libre.

Entonces, es como si tu maleta principal se quedó con lo mejor de tí y sientes que lo que te queda es vivir de la mejor manera, con la mejor actitud, pero incompleta. 

Y claro, como eres una mamá responsable y lo más organizada posible tu hijo está en la mejor compañía y en las mejores manos. Y como profesionalmente todo está bien, lo disfrutas. Pero ves el calendario y vas marcando día a día mentalmente. Contando las horas. Escondiendo el sentimiento de culpa. Llamando por teléfono, deseando tener suerte de que el pequeño quiera hablar y de pronto obtienes un “mamá, no me llames, estoy viendo televisión”.

Y en la sala de embarque te empiezas a encontrar con mamás con hijos por todos lados. Le sonríes a todos obviamente. Quieres ya al tuyo. 

Y los dejo. Hora de embarcar.  

 

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