El bendito chupete

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Hoy estaba almorzando en un restaurant y se acercó una señora con un chupete (caramelo) en la mano, y me preguntó “ya almorzó?” Y más o menos estiró la mano hacia mi hijo.
Ahí mismo coloqué una risa falsa sobre mi boca, muy política y permití que se coma completamente el chupete.
La ansiedad de tenerlo dentro de la boca era tal, que si se lo quitaba iba a provocar tremendo escándalo en el lugar, que nos iban a terminar botando.
De qué me servía ser malcriada y negar el caramelo, si le faltan decenas de años donde le ofrecerán todo tipo de cosas?
De repente prohibir y quitarle de las manos lo no tan bueno, no es el mejor camino, y dosificarlo con explicaciones puede ser mejor.

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