Cambio fiestas de grandes por matinés

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Una vez más escribiré sobre uno de los clichés de la vida. Ese de que cuando eres mamá dejas de hacer las cosas que se refieren a tu entretenimiento, y más bien, se relacionan al de tu hijo. Este no es un post de queja ni de lamento. Es un escrito de la realidad que felizmente, está enriqueciendo mi vida con todas las anécdotas y sus matices de sabiduría y felicidad.

Mi hijo ya tiene 6 meses y 1 semana y ha sido invitado a varias fiestas infantiles, y ya hemos ido a 2. En este mes iremos a 2 más. ¿Saben a cuántas fiestas de grande he ido yo en estos 6 meses? A muy pocas. Pero es ahora cuando más rescato el concepto de calidad y no de cantidad.  De hecho, hoy soy mucho más selectiva que antes para decidir ir a un evento nocturno. En primer lugar, porque disfruto estando en mi casa con él, o durmiendo, o pasándola bien relajada ahí. Y luego, porque es duro siempre levantarse temprano todos los días y no solo eso, sino estar lúcida para dar leche y alimentar a un ser humano que espera de ti más que un movimiento mecánico de cuchara-boca, sino, más que nada, cariño, y que le respondas a cada mirada y cada gesto.

Y algo curioso es que disfruto los santos de niños. He aprendido a ser ligeramente más sociable, aunque muchas opciones tampoco me quedan. No es la voz quedarse en un rincón sola con tu hijo sin hablar con nadie. No, ese no es un camino. Pero volviendo al lado simpático de los cumpleaños, son en general entretenidos. En principio los bocaditos, aunque son cero saludables, provocan, son ricos y te los comes igual que el niño de 5 años que huye de su mamá que no lo deja comer todo lo que quiere.

Y una de las mejores cosas creo yo, es que mi hijo comenzó a conocer las reuniones sociales fuera de la familia. Y eso, no soy psicóloga, pero debe ser bueno. Dentro de su cabeza no sé qué tan claro debe tener los episodios, pero ve, conoce, toca, y siente más allá de lo cotidiano y espero que eso le abra el mundo y las futuras posibilidades.  Y esto lo empecé a ver cuando en uno de estos santos, lo coloqué en el jardín y fue allí que comenzó a explorar un suelo distinto al parquet frío y duro de siempre, o a la cama que jamás va a cambiar de forma.

En fin, hay santo para rato, entonces, habrán anécdotas y emociones para la eternidad. Tanto para mí como para él y al revés.

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